Los cuatro ismos de la era digital

El estado habitual del cerebro es la desatención. Hoy que abundan los estímulos, el cerebro está más incentivado. El hombre ha adquirido un carácter protético, de extensiones y añadiduras, de no poder separarse de diversas herramientas, como la internet, los smartphones, etcétera.

A partir de mediados de la década de 1980, cuando se inicia la llamada sociedad informática y cibernética, y luego la era digital (post modernidad), que estamos viviendo, advinieron lo que el insigne peruano, crítico literario, lingüista, polígrafo y autodidacto, Marco Aurelio Denegri llamó los cuatro ismos de la era digital: El inmediatismo, el fragmentarismo, el superficialismo y el facilismo.

Interpreto brevemente estos conceptos:

El inmediatismo: Consumir todo lo presente, de la manera más rápida posible, denominado como el ejercicio de la interacción libre, aquí predomina la satisfacción de la experiencia inmediata. No se premeditan las acciones, rige la libertad y el poder instantáneo. Necesita solucionar apropiadamente cualquier inconveniente en el menor tiempo posible. Lo que implica también consumir en promedio una menor calidad de contenido al necesitar gran cantidad de información.

El fragmentarismo: Acercar los principios y los finales, quiere decir, tener un mensaje más breve, conciso y que sea capaz de acaparar la atención del usuario. No quiere desarrollar grandes temas, es reacio a las ideas, y sí partidario de las creencias. La acción interrumpida bruscamente es una de sus características. En ese recorte de la información es probable que ni siquiera seamos capaces de conocer el desenlace, ataca directamente lo fundamental. La información puede ser brindada por fragmentos. Como lo viene haciendo Netflix, que fragmenta sus contenidos en lo que antes vendría a hacer una película de dos horas, ahora el público se engancha con series de 40 minutos y así continúan captando más usuarios.

El superficialismo: Constituye el espacio de la era digital. Ahora todo es on-line. Las compras, las transferencias bancarias, juegos en realidad virtual, las redes sociales digitales, etcétera. Ya no hay tiempo para la introspección, como decía al inicio, ahora existen muchos estímulos. Puedes permanecer más interconectado por la globalización, sin embargo, ello nos podría llevar a un antisocialismo, a una falta de práctica de la comunicación face to face. El superficialismo te hará creer que llevas una vida sin problemas, lo cual no necesariamente es cierto.

El facilismo: La tendencia de hacer o lograr algún acometido sin mucho esfuerzo. Obtener un resultado de forma simple y sin sacrificio. Busca romper las barreras de las dificultades, hacer más fáciles las tareas y conseguir los objetivos. El facilismo minimiza el esfuerzo para realizar otras actividades cotidianas que antes exigían más energía y tiempo. Ahora una persona puede enterarse en tiempo real lo que ocurre en otras ciudades e incluso continentes. Se interpreta que ahora la información es más cercana al usuario pero en consecuencia hay un menor esfuerzo de investigación y de profundización de temas. Necesita simplificar la vida humana.

No hay duda, la era digital se sigue imponiendo, estamos viviendo un liderazgo de la videocracia. La tecnología es un negocio y hay que saber desprender qué es lo bueno, de lo que no tiene interés, gracia, ni substancia.

20 de marzo 2021

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