Historias de mujeres

Por Rosa Montero

El feminismo, o al menos la parte mayoritaria del feminismo, no reclama santas sino personas que puedan vivir todas las posibilidades de ser, más allá de la tiranía de los estereotipos.

Ana López-Navajas, investigadora de la Universidad de Valencia publicó en 2014 un estudio en el que demostraban la ausencia de referentes femeninos en los contenidos de la educación secundaria obligatoria: los libros de texto españoles tan sólo citan a un 7, 6% de mujeres. Es decir, aprendemos una cultura y una ciencia sólo de hombres, una versión de la realidad sesgadamente viril.

Hay un formidable experimento que se llevó acabo en la Universidad de Yale (Estados Unidos) en 2012. Dos estudiantes de doctorado de ciencias, Jennifer y John, solicitaron una plaza de encargado de laboratorio. Como se suele hacer en Estados Unidos en estos casos, Yale le envió sus currículos para que fueran evaluados por 127 catedráticos de biología, física y química pertenecientes a las seis universidades más importantes del país, tres públicas y tres privadas. En una escala del 1 al 10, John sacó un punto más que Jennifer. Además, se les pedía a los profesores que dijeran qué salario creían ellos que los solicitantes merecían, y ofrecieron $30,328 anuales a John y $26,508 a Jennifer. Hasta aquí, todo más o menos normal. El estupor comienza cuando nos enteramos de que Jennifer y John no existen y que los currículos eran absolutamente idénticos, salvo que a la mitad de los catedráticos se les dijo que el solicitante se llamaba Jennifer y a la otra mitad que se llamaba John. Y, naturalmente, entre los evaluadores también había catedráticas.

El dios Zeus da a Pandora (primera mujer según la mitología griega) un ánfora llena de desgracias, jarra que la mujer destapa movida por su irrefrenable curiosidad femenina, liberando así todos los males.

La tradición judía cuenta que Eva no fue la primera mujer de Adán, sino que antes existió Lilit. Y esta Lilit quiso ser igual que el hombre: le indignaba, por ejemplo, que la forzaran a hacer el amor debajo de Adán, una postura que le parecía humillante, y reclamaban los mismos derechos que el varón. Adán, aprovechándose de su mayor fuerza física, intento obligarla a obedecer, pero entonces Lilit le abandonó. Fue la primera feminista de la creación.

Debía de ser tan hostil el entorno masculino en aquellos momentos (mediados del siglo XIX, resultado de la Revolución Industrial), y tan grande la incomprensión de lo femenino, que muchas mujeres empezaron a escoger la soltería y establecer relaciones de convivencia de por vida con otras mujeres (…) y no tenía que tener necesariamente un componente lesbiano, sino que en muchas ocasiones era una unión emocional y cómplice frente a la vida de mujeres activas, independientes e intelectualmente inquietas que no querían resignarse al encierro social.

En el mundo ha habido mujeres menos prudentes, como Semíramis, reina de Asiria en el siglo IX a. C., que hizo asesinar a su marido, el rey Ninos, para quedarse con el poder (esa era otra manera de enviudar), y que en sus 42 años de reinado, fundó Babilonia y conquistó Egipto y Etiopía.

Hay gobernantas cegadas por la pasión, como nuestra Juana la Loca, que paseó durante tres años por toda España el cadáver de su marido Felipe el Hermoso.

Agatha Christie casi nunca ríe abiertamente en sus fotos (…) le preocupaba la apariencia de todas las cosas: necesitaba que el mundo fuera un lugar sereno y exacto, amable y ordenado. Fingía por ejemplo un aspecto de completo y sereno dominio sobre la existencia, incluso de frialdad y desapego, cuando en realidad era una mujer llena de fuego y de terrores.

06 de noviembre 2020

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